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Adiós, lejos

Kakania es el acrónimo, irónico y distante, con que Robert Musil se refiere al imperio austrohúngaro en su novela El hombre sin atributos. Una palabra formada a partir precisamente de los atributos de su sistema político (kaiserlich und königlich, imperial y real, es decir imperial por Austria y real por Hungría). Todos disponemos de esta información. Pero desde la primera frase del libro de Carlos Pardo, Lejos de Kakania (y la primera frase es “Anoche hubo tormenta eléctrica”), una pregunta ha permanecido a lo largo de mi lectura: ¿de quién o de qué expresa su lejanía el autor?, ¿de qué ha querido distanciarse con un título tan rotundo y perfecto? Y digo autor y no narrador porque aunque el formato de la escritura encaja con lo que entendemos por novela, la experiencia personal es el eje del libro. Una experiencia en torno a un personaje que se llama Carlos, como el autor; que es poeta, el autor lo ha sido; que ha vivido en los mismos lugares evocados en el texto (Madrid, Córdoba, Granada), y, en fin, que por encima de todo nos plantea un desgarro no solo generacional, sino también propio.

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