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Benedicto XVI pierde el oremus

Lo que menos esperaba Francisco es que su predecesor Benedicto XVI se uniera tan destempladamente a los poderosos enemigos del papa argentino, cada vez más vociferantes. Cuando renunció en 2013 al trono del llamado Estado de la Santa Sede, quien de civil se llamó Joseph Ratzinger prometió recluirse entre los muros del Vaticano, con discreción, para orar y para culminar libros que tenía entre manos. Cumplió su palabra muchos años. En argentina correspondencia, Francisco lo visitaba con frecuencia en tardes de largas conversaciones y muchos silencios.

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