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Concentrar, guerrear y comunicar

Una de las impresiones más repetidas al constituirse las Cortes tras las elecciones generales del 20 de diciembre del año 2015 era que aquel Congreso se parecía más a España, que lo que era normal en la calle había empezado a ser normal en las instituciones. PSOE, Podemos y aquel Ciudadanos parecían llamados a inaugurar un nuevo tiempo político por mandato de las urnas. La histeria de los poderes tradicionales, la inmadurez política, la tentación del sorpasso y el pánico al sorpasso, inauguraron, en realidad, el ciclo de inestabilidad, por todos conocido, que ha llegado hasta hoy. Buena parte de los protagonistas de aquel momento se dispone ahora a gobernar este país. Y buena parte es una buena parte, porque el equipo configurado por Pedro Sánchez es un Gobierno de coalición y casi de concentración. Dentro hay un origen territorial e ideológico tan amplio que incluye técnicos que podrían haber estado en Gobiernos de la derecha, además de perfiles políticos nítidos a la izquierda del PSOE y el grueso socialista. Digamos que, menos los ultras de Vox, Sánchez presenta una alineación que no deja flancos sueltos. Cuatro años después se puede afirmar que este Gobierno se parece más a España, solo que cuatro años en el mundo —y un procés en España— no pasan en balde, y en este tiempo a la foto española se ha incorporado, con sigla propia, la ultraderecha.

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