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La alegría de haber conocido a Alicia

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La última vez en que Alicia Gómez Montano dejó ver su pasión por el oficio (también, o sobre todo, por el oficio de vivir) fue en Santander, cuando el Imserso nos pidió que habláramos de lo mal que trata la sociedad a la veteranía. Ella sabía mucho de eso, porque fue de las maltratadas españolas a causa de la edad. Se revolvió, cuando se lo propusieron, contra el Ere que desmanteló de talento Radiotelevisión Española, al tiempo que otras empresas públicas o privadas sintieron que podían prescindir de aquellos que se acercaran o hubieran superado por poco el medio siglo.

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