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Si Messi ha visto el partido del City…

El Barça de Quique Setién es, principalmente, un equipo apocado. Y, sin embargo, tampoco debería ser este el aspecto más preocupante a ojos de sus dirigentes, socios y aficionados. A fin de cuentas, el temor durante la lucha y el miedo ante las amenazas son sentimientos asumibles, perfectamente lícitos, incluso me atrevería a decir que recomendables. En reconocer la propia cobardía y enfrentarla suele residir el secreto del éxito pero para ello se necesita de cierto método, de un planteamiento sobre el que sostener la pelea, de un plan que te respalde. En Nápoles, como tantas otras veces durante los últimos meses, el Barça fue un equipo que se limitó a dejar correr el tiempo pasándose la pelota sin mayor intención que disimular sus propios temores, como si por jugar con las manos en los bolsillos fueran a pensar sus rivales que oculta una pistola. Es el tipo de trucos que solo funcionan una vez en la vida y ni siquiera creo que haya un solo italiano que no haya visto, todavía, la primera parte de El Padrino.

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